Son las doce del mediodía. La vivienda está prácticamente vacía, el consumo eléctrico es reducido y, sin embargo, la instalación fotovoltaica está produciendo electricidad.
¿Qué ocurre con toda esa energía?
Es una de las preguntas que conviene entender antes de instalar placas solares porque una instalación fotovoltaica no solo debe calcularse en función de cuánto consume una vivienda. También importa cuándo consume y qué ocurre con la producción que no puede aprovechar directamente.
Existe un desfase natural entre producción y consumo.
Una instalación fotovoltaica genera electricidad cuando dispone de radiación solar suficiente. Una vivienda, en cambio, consume electricidad según los hábitos de las personas que viven en ella.
Y ambas curvas no siempre coinciden.
Una familia puede concentrar una parte importante de su consumo a primera hora de la mañana y, especialmente, al final de la tarde y por la noche. Sin embargo, las horas centrales del día pueden ser precisamente aquellas en las que la instalación presenta una producción elevada.
Por eso hay que distinguir entre energía producida y energía autoconsumida.
No son lo mismo.
Cuando los paneles están generando electricidad y en ese mismo momento existe demanda dentro de la vivienda, esa energía puede utilizarse directamente para alimentar los consumos domésticos.
Por ejemplo, electrodomésticos, climatización, depuradora de piscina, termo eléctrico u otros equipos que estén funcionando durante las horas de producción.
Esta coincidencia entre generación y consumo es uno de los elementos que condicionan el aprovechamiento de una instalación.
Cuanto mayor sea la parte del consumo que pueda desplazarse a las horas solares, mayor será la proporción de producción fotovoltaica utilizada directamente en la vivienda.
Por eso conocer únicamente el consumo anual en kWh no permite entender por completo las necesidades de una instalación.
También interesa estudiar cómo se distribuye ese consumo a lo largo del día.
La diferencia se convierte en energía excedentaria.
En España existen diferentes modalidades de autoconsumo. La normativa distingue, entre otras cuestiones, entre instalaciones sin excedentes —que utilizan un mecanismo que evita la inyección de energía a la red— e instalaciones con excedentes, que sí pueden verter la producción sobrante.
En una instalación de autoconsumo con excedentes, la electricidad que la vivienda no está utilizando puede inyectarse en la red eléctrica.
Y aquí aparece un concepto que suele generar bastante confusión: compensar excedentes no significa vender electricidad de la misma manera que una planta de generación.
El Real Decreto 244/2019 regula el mecanismo de compensación simplificada de excedentes en las instalaciones de autoconsumo que cumplen los requisitos establecidos.
En términos sencillos, la energía excedentaria que se vierte a la red puede tener un valor económico que se descuenta en la factura eléctrica, siempre que la instalación y el contrato estén acogidos a este mecanismo.
Hay además una limitación que conviene conocer.
Dentro de la compensación simplificada, el valor económico de los excedentes no puede superar el valor económico de la energía consumida de la red durante el periodo de facturación.
Esto cambia bastante la forma en que debería plantearse una instalación.
Sobredimensionar el sistema simplemente para producir mucha más electricidad de la que necesita la vivienda no implica necesariamente obtener un beneficio proporcionalmente mayor.
La instalación debe responder al perfil energético real del inmueble.
No existe una única respuesta.
Depende del perfil de consumo de cada vivienda.
Si buena parte del consumo se produce durante las horas solares, puede existir un elevado aprovechamiento directo de la producción.
Si la vivienda permanece vacía durante buena parte del día, puede generar más excedentes.
Y si una parte relevante del consumo se concentra cuando ya no existe producción fotovoltaica, puede estudiarse si tiene sentido incorporar almacenamiento.
Pero una batería no debería añadirse automáticamente a cualquier instalación.
Hay que estudiar cuánta energía excedentaria se produce, qué consumo existe fuera de las horas solares, el coste del sistema de almacenamiento y el comportamiento energético de la vivienda.
Es decir: primero se analiza el consumo. Después se decide la solución técnica.
Antes de pensar únicamente en instalar más paneles, puede tener sentido revisar cuándo se utiliza la electricidad.
Programar determinados consumos durante las horas de producción fotovoltaica puede aumentar el aprovechamiento directo de la energía generada.
El termo eléctrico, determinados electrodomésticos, la depuración de una piscina o algunos sistemas de climatización son ejemplos de cargas cuyo horario puede, dependiendo de la vivienda y del equipo, adaptarse parcialmente.
No se trata simplemente de consumir más.
Se trata de consumir mejor la electricidad que ya estás produciendo.
Dos viviendas con el mismo consumo anual pueden necesitar planteamientos fotovoltaicos distintos.
Una puede tener un consumo elevado durante el día.
Otra puede concentrarlo principalmente por la noche.
La cifra anual de consumo sería similar, pero la relación entre producción, autoconsumo y excedentes sería diferente.
Por eso una instalación debería dimensionarse estudiando, entre otros factores:
El número de paneles debería ser la consecuencia de ese análisis, no el punto de partida.
Una instalación fotovoltaica bien planteada no consiste en llenar una cubierta de paneles.
Consiste en diseñar un sistema coherente con la vivienda y con las personas que viven en ella.
Y para hacerlo correctamente hay que responder primero a una pregunta mucho más útil que «¿cuántas placas puedo poner?»:
¿Cuándo, cómo y cuánta electricidad consume realmente esta vivienda?
En Arelis estudiamos cada instalación a partir de las características y necesidades reales del inmueble antes de definir la solución fotovoltaica.
En una instalación con excedentes, la electricidad que no se utiliza directamente puede verterse a la red. Dependiendo de la modalidad y del contrato, esos excedentes pueden acogerse al mecanismo de compensación simplificada.
No necesariamente. En la compensación simplificada existe un límite: el valor económico de los excedentes compensados no puede superar el valor económico de la energía tomada de la red durante el periodo de facturación.
Depende del perfil de consumo y de los excedentes de la vivienda. La batería debe evaluarse técnica y económicamente, no incorporarse automáticamente.
Sí. Cuando determinados consumos pueden trasladarse a las horas de producción solar aumenta la proporción de energía generada que se utiliza directamente en la vivienda.
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En Arelis analizamos el consumo, las características de la cubierta y las necesidades energéticas de cada vivienda antes de definir el número de paneles y la configuración de la instalación.
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